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Septiembre

Escrito de las Asociaciones Europea y de EEUU de etanol a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD)

30 de septiembre de 2007

El Honorable Ángel Gurria
Secretario General
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
2, rue André Pascal
F-75775 París Cedex 16
Francia

Estimado Sr. Secretario General:

Como representantes de la industria mundial de producción de etanol, estamos muy preocupados por la edición de una publicación por parte del Presidente de la Mesa Redonda para el Desarrollo Sostenible de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) que critica el desarrollo mundial de los biocombustibles. El citado documento ha sido editado no por la OCDE, en cuyo sitio web no se puede encontrar, sino por terceras personas con una agenda antietanol. A pesar de contener la nota legal de que «no refleja necesariamente las opiniones de la OCDE o de los gobiernos de sus países miembros», dicho documento ha sido descrito en los medios de comunicación como un informe de la OCDE («El auge de los biocombustibles es dañino y perjudicial, afirma la OCDE» según se puede leer en el Globe and Mail del 11 de septiembre de 2007). Hasta el momento no hemos escuchado ninguna versión oficial de usted ni de ninguna persona con autoridad de la OCDE que explique que este informe no refleja las opiniones o políticas de su organización.

Igual y especialmente preocupante, el mencionado documento potencialmente no autorizado carece de argumentos, es sumamente partidista y aparentemente contradice anteriores posturas de la OCDE que apoyaban los biocombustibles como componentes capaces de reducir los gases CO2. En breves palabras, independientemente de que se haya hecho de forma deliberada o no, en el documento aparece el símbolo de la OCDE, ahora la OCDE es responsable de lo que es una declaración sesgada de la expansión de la producción y el consumo mundial de los biocombustibles renovables. Con respeto y celeridad solicitamos a la OCDE que específicamente niegue tener algún tipo de relación con dicho informe por no reflejar la política oficial de la organización.

Tan solo hace dos años el OECD Observer publicó una artículo en que se afirmaba que «aumentar el uso de los biocombustibles puede mejorar la seguridad de la energía, reducir en gran medida los gases de efecto invernadero y muchas emisiones contaminantes, y mejorar el rendimiento de los vehículos. Su producción también puede mejorar el desarrollo económico rural». Aunque también en este artículo se cuestionaba el uso de la tierra, el efecto sobre la agricultura, la alimentación y el coste, sí dejaba constancia de que: «Dados los beneficios, hay pocas dudas de que muchos países de la IEA, entre ellos, los EE. UU., Canadá y varios países europeos, Australia y Japón están considerando o han adoptado ya políticas que podrían propiciar en un uso de biocombustibles significativamente mayor a lo largo de la próxima década». Por último, y de considerable importancia, el artículo concluía con que: «Si se aplican por completo todas las políticas y objetivos, el uso de biocombustibles podría más que duplicarse en todo el mundo en los próximos cinco años o en un periodo similar. Aunque eso significa una cuota de etanol de gasolina de solo un 4 ó 5%, supondría un salto enorme en una industria petrolera que no se ha enfrentado a autentica competencia a lo largo de un siglo».

Igualmente, en abril de 2004 en un documento oficial de la OCDE, Special Issue on Climate Change Policies: Recent Developments and Long Term Issues (Edición especial sobre políticas ante el cambio climático: avances recientes y asuntos alargo plazo) se leía lo siguiente: «Los sistemas de transporte en la segunda mitad de este siglo podrían estar dominados por vehículos, barcos y aviones con emisiones de CO2 muy bajas. Podría incluirse en este panorama una combinación de tipos de vehículos:, vehículos de pilas de combustible propulsados con hidrógeno, vehículos eléctricos, vehículos que circulen con biocombustibles y aviones propulsados con hidrógeno. El hidrógeno, los biocombustibles y la electricidad empleada en el transporte podrían producirse con un nivel de emisiones de CO2, del pozo a la utilización del vehículo, de prácticamente cero». Asimismo, el informe señalaba que: «También se podrían utilizar los biocombustibles para sustituir a la gasolina. Como tal, ofrecen ventajas importantes en lo que a la seguridad energética se refiere y un posible nuevo potencial para el desarrollo agrícola».

Una de las cosas más decepcionantes del documento emitido sin la aparente aprobación de la OCDE es que no aprecia muchos de los cambios que están teniendo lugar rápidamente en la producción, el transporte y el consumo de biocombustibles.

  • Cuando aborda el alarmante escenario de posible «escasez alimenticia», el documento no reconoce los importantes incrementos en la productividad por acre. En los Estados Unidos, por ejemplo, los campos de maíz por acre se han duplicado en los últimos treinta años. Más importante aún, esto se ha producido sin reducir aportaciones por acre.
  • El documento carece de todo análisis verídico de los factores que afectan a los precios de los alimentos, siendo la energía el más importante de ellos. En los EE. UU. el alto coste de la energía ha tenido un efecto mucho mayor que el elevado precio del maíz, en un margen de dos a uno.
  • El documento no refleja una valoración realista de lo que está sucediendo con el precio del grano y otras materias primas de los biocombustibles. En Europa, por ejemplo, la producción de biocombustible consume solamente el 1,5% de grano. Los incrementos de precio, no obstante, están claramente basados en una serie de otros factores constatados en el mercado mundial, a saber: fuerte demanda de China, sequía en Australia (resultado del calentamiento del mundo, se podría argumentar) y la especulación de los inversores.
  • En los Estados Unidos, mientras que el precio del maíz aumentó inicialmente y llegó a su máximo en enero, ha descendido desde entonces un 40%. ¿Por qué? Porque el mercado ha obligado a los agricultores a plantar más maíz y se espera obtener una cosecha récord.
  • El documento parece pasar por alto por qué la OCDE y otras naciones decidieron apoyar los biocombustibles en primera instancia, esto es, reducir el consumo de petróleo que contribuye notablemente al calentamiento del planeta, cuyas principales áreas de producción están en el volátil Medio Oriente y cuyos precios están controlados por un cartel institucional.
  • Queda implícito en el documento la creencia de que el mundo puede seguir dependiendo del petróleo para abastecer sus necesidades de combustible líquido. Pero el precio mundial del petróleo se sitúa ahora en 80 dólares el barril y probablemente aumentará dadas las condiciones de los mercados emergentes. Las iniciativas proporcionadas por los países de la OCDE y otros ayudan a nivelar el terreno de juego y a animar a los inversores a que financien un sector nuevo y en desarrollo.
  • El documento también pasa por alto todos los incentivos que se han proporcionado y que se siguen proporcionando a la producción de petróleo. Sin comparar las prestaciones recibidas por los productores de petróleo, difícilmente se puede comparar con justicia los incentivos dados a los biocombustibles en un vacío de política energética.
  • La afirmación de que existen problemas económicos y tecnológicos con los biocombustibles de celulosa o de segunda generación es particularmente preocupante. Los autores no argumentan sus afirmaciones. No reconocen la existencia de una empresa de la Comunidad Europea y otra en Canadá que ya están produciendo etanol de celulosa ni mencionan las que se están construyendo en los Estados Unidos y en otras partes de la Comunidad Europea.
  • Por último, el documento no concede importancia a los esfuerzos que se están haciendo para establecer estándares internacionales, eficaces y efectivos acerca de la sostenibilidad de los biocombustibles. Las iniciativas tanto unilaterales (varios estados miembros de la UE) como multilaterales (Mesa Redonda sobre Biocombustibles Sostenibles) hacen pensar que pronto se conseguirá una norma internacional para la biomasa sostenible y la producción de biocombustibles que salvaguarde la diversidad y garantice el ahorro de gases con efecto invernadero.

Es lamentable que la OCDE haya permitido que esta publicación reciba amplia cobertura de los medios de comunicación en un momento en el que todos los países del mundo están buscando alternativas a los problemas económicos y medioambientales causados por la dependencia del petróleo. Brasil, los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y otras naciones han reconocido la importancia de los biocombustibles como un medio para reducir los gases que están propiciando el calentamiento del planeta y de reforzar la seguridad de la energía. Aunque tengamos que asumir un planteamiento equilibrado a la hora de desarrollar nuevas fuentes de energía, especialmente las renovables, también hemos de constatar hechos fidedignos.

Basándonos en lo anteriormente dicho, Sr. Secretario General, le instamos a que desacredite públicamente el apoyo de la OCDE a este documento; a que declare que fue publicado por terceras personas ajenas a la OCDE; y que los gobiernos de la OCDE respalden y fomenten claramente el desarrollo de los biocombustibles como un medio de abordar los problemas del calentamiento del planeta y de la seguridad energética.

Esperanzados por conseguir un futuro energético más sostenible, le saludamos muy atentamente,

Bob Dinneen (Renewable Fuels Association)
Rob Vierhout (eBIO)

Escrito



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