Octubre 2009

A Fondo

Retos de la Energía Solar

La comunidad científica coincide en señalar que la energía del futuro es la solar. Dadas las grandes ventajas que presenta frente a otras fuentes de energía, se prevé que, progresivamente, su participación aumente en el mix energético de los países, bien sea mediante tecnología termosolar1 , para abastecer a un gran número de hogares o industrias, bien mediante tecnología fotovoltaica2, para centros de consumo dispersos y con menores requerimientos de potencia. Pero existen tres aspectos principales cuyo desarrollo determinará el grado de éxito futuro de la energía solar: el progreso tecnológico, la gestionabilidad y la regulación.

La tecnología solar tiene aún mucho recorrido. Mientras que la energía convencional cuenta con una sólida experiencia de decenas de años de operación, y, consiguientemente, su coste de producción es mucho menor, la tecnología solar está aún en su juventud, y sus costes disminuirán con el tiempo en todos los niveles del negocio: fabricación, financiación e investigación, y desarrollo.

Precisamente es en el campo de la investigación donde reside el verdadero potencial del sector. En fotovoltaica, por ejemplo, se está avanzado a grandes pasos. Por un lado, cada vez se desarrollan módulos con eficiencias más elevadas, consiguiendo importantes ahorros en superficie, materiales, estructuras, operación y mantenimiento. Por otro, con las nuevas técnicas de láminas delgadas3 se ha conseguido reducir el uso de materiales semiconductores4, que son los encargados de producir el efecto fotovoltaico, hasta espesores cien veces menores. Y en termosolar se ha avanzado mucho en los últimos años, con el incremento de la eficiencia de la tecnología de torre, los colectores cilindroparabólicos, y los discos Stirling. Si durante los próximos diez años la tecnología solar evoluciona según las previsiones de los expertos (lo que es bastante probable), para 2020 los costes de producción de la energía solar serán inferiores a los de las energías fósiles.

Por otro lado, debemos tener en cuenta la gestionabilidad, que consiste en la capacidad de una planta energética de entregar la potencia que demande la red en cualquier momento. Para ello, se debe dotar a las centrales solares de unidades de almacenamiento que permitan cubrir adecuadamente la demanda eléctrica, incluso en momentos donde el recurso solar sea escaso o inexistente. La tecnología más extendida es el almacenamiento con sales, con un funcionamiento sencillo que se basa en la utilización de dos tanques de sales para almacenar el calor. Durante el ciclo de carga, las sales intercambian calor con el fluido procedente del campo solar y se almacenan en un tanque caliente. Durante el ciclo de descarga, el sistema opera en sentido contrario, calentando el fluido portador de calor, que generará vapor para mover una turbina, y producir así electricidad.

Finalmente, un factor de gran relevancia es el regulatorio. Para que se logre el desarrollo tecnológico adecuado de la energía solar, es necesario que el mercado madure, para lo que los gobiernos deben apostar decididamente por esta fuente de energía. Muchos economistas señalan que el modelo de incentivos más adecuado es el de la implantación de un sistema de tarifa en el que se remunere la energía renovable a un precio adecuado, que permita el desarrollo del sector (sistema actualmente implantado en los países europeos), para, posteriormente, saltar a un sistema de cuotas obligatorias de renovables (modelo americano). La tarifa permite incentivar la creación de un mercado con la suficiente masa crítica, que favorecería la reducción de costes, y la cuota asegura la subsistencia a medio plazo del sector, permitiendo una mayor eficiencia económica. Con ello, en el medio y largo plazo, cuando la tecnología haya madurado suficientemente, la energía solar podrá competir con el resto de fuentes de energía.

Otra forma de incentivar las energías renovables es la creación de un mercado internacional de derechos de emisión, como ya existe en Europa y en otros países; un instrumento financiero que permite controlar las emisiones de gases de efecto invernadero mediante incentivos económicos que penalicen los productos y servicios que los emitan. La creación de este mercado de emisiones penalizaría el uso de energías fósiles por su elevado coste medioambiental, y permitiría a la energía solar (que es limpia) competir también en precio con los derivados del petróleo. Los gobiernos deben seguir impulsando con mano firme el desarrollo de la energía solar. La combinación del fomento de esta energía por parte de las administraciones públicas con el espíritu emprendedor propio de la iniciativa privada permitirá llevar a cabo, con éxito, la necesaria transición desde la actual economía del petróleo hacia una nueva economía basada en el carbono. Ello garantizará un futuro de abundante energía limpia, barata, y para todos.


1.- Una central térmica solar o central termosolar es una instalación industrial en la que, a partir del calentamiento de un fluido mediante radiación solar y su uso en un ciclo termodinámico convencional, se produce la potencia necesaria para mover un alternador para generación de energía eléctrica.

2.- Una central solar fotovoltaica es aquella que usa el efecto fotoeléctrico para producir electricidad. Este fenómeno consiste en la emisión de electrones por un material cuando se ilumina con radiación electromagnética (luz visible o ultravioleta, en general).

3.- Se entiende por láminas delgadas, las capas de material en el rango de fracciones de nanómetro hasta varios micrómetros de espesor.

4.- Sustancia que se comporta como conductor o como aislante dependiendo de la temperatura del ambiente en el que se encuentre